El Ausangate te cambia por dentro. Para siempre.
Una caminata sagrada al corazón espiritual de los Andes
Hay montañas que simplemente están. Y hay montañas que te observan. El Ausangate —a 6.384 metros sobre el nivel del mar, la cima más alta de la región de Cusco— pertenece a la segunda categoría. En la cosmovisión andina es un Apu mayor: una deidad viviente que protege, prueba y transforma a quienes se atreven a caminar a sus pies. Ese día, nosotros aceptamos su invitación.
“Caminar en los Andes no solo exige el cuerpo. Te exige abrir el corazón para que latezca intensamente.”
La madrugada y el camino que despierta
La minivan nos recoge en el centro de Cusco antes del amanecer. Dos horas hacia el sureste, rumbo a Pacchanta. Afuera, el altiplano se despliega bajo una luz que todavía no sabe si es de noche o de día. En el horizonte, la silueta inconfundible del Ausangate empieza a recortarse contra el cielo. El estómago aprieta. No de miedo. De gratitud anticipada.
El primer paso: energía que se multiplica
Empezamos la caminata con esa energía irracional que solo da el reencuentro con la montaña. El cuerpo recuerda que fue hecho para esto. Los pulmones, al principio sorprendidos por el aire delgado, pronto encuentran su ritmo. Los pasos se vuelven meditación.
Aproximadamente una hora después del inicio, me siento. Sin planificarlo, sin que nadie me lo diga. Simplemente me siento y contemplo. Y mi alma —que en la ciudad parece siempre apurada— toma un respiro profundo y lento. Esos momentos no se buscan. Llegan solos cuando uno camina lo suficiente.
En los Andes, cada ser tiene espíritu. Las lagunas, las montañas, los ríos, los árboles. No son recursos ni decorado: son presencias. Caminar aquí sin respeto y sin consciencia es perderse la mitad del viaje. La otra mitad —la que transforma— ocurre cuando te detienes a escuchar.
Las lagunas: cada una con su alma
De pronto, aparece la primera laguna. Me echo en el suelo, de espaldas. El cielo andino a casi cinco mil metros tiene un azul que no existe en ningún otro lugar del planeta. La montaña nevada permanece en su quietud absoluta, imperturbable. Y entonces lo entiendes: los miles de años le han enseñado a ser paciente. Tú llevas apenas unas décadas en este mundo, y ya corres sin saber hacia dónde.
Seguimos. Aparece una segunda laguna. Luego una tercera. Cada una con su propia personalidad, su propio color, su propia historia geológica y espiritual. No son todas iguales. Como las personas. Hay que detenerse frente a cada una y dejar que te cuente algo.
El recorrido, paso a paso
Lo que el Ausangate te devuelve
Al final de la caminata, la conexión con los espíritus de las montañas y las lagunas no es una metáfora: es algo que se siente en el cuerpo. Una ligereza extraña que no guarda relación con el esfuerzo físico que acabas de hacer. Como si la montaña te hubiera vaciado de algo que no necesitabas y te hubiera llenado con algo que no sabías que te faltaba.
Regresamos a Cusco en silencio. El tipo de silencio que no incomoda. El que viene después de algo grande.
“Esta conexión con los espíritus de la montaña nos llena de energía. Y retornamos renacidos. Siempre renacidos.”
El Ausangate no es una montaña que se conquista. Es una que te conquista a ti. Y cuando eso ocurre, una parte de sus cumbres eternas se queda en tu interior para siempre.
¿Estás listo para que te cambie?
El Apu Ausangate te está esperando
Las próximas caminatas tienen cupos muy limitados.
Escríbenos y te contamos todo sobre la siguiente salida desde Cusco.

